Efectos tardíos del cáncer infantil
Este es el primer artículo de una serie de dos partes. Describe los factores de riesgo para los efectos tardíos del cáncer infantil y los tipos de efectos tardíos. El segundo artículo [1] describe cómo tratar posibles efectos tardíos antes y después del tratamiento, y durante este.
Los sobrevivientes del cáncer infantil se encuentran en riesgo de desarrollar efectos tardíos, que son efectos secundarios que aparecen más de cinco años después del tratamiento. Estos pueden ser consecuencia del cáncer propiamente dicho y del tratamiento para el cáncer. Dado que más del 80 % de los niños tratados por cáncer sobreviven cinco años o más después del tratamiento y es de suponer que están curados, la prevención y el reconocimiento de los efectos tardíos físicos y emocionales es un aspecto importante de la atención del cáncer.
Riesgo de efectos tardíos
Cualquier tratamiento para el cáncer puede provocar efectos tardíos. Los tratamientos tales como la quimioterapia, la radioterapia, el trasplante de médula ósea y de células madre, que tienen el objetivo de destruir las células cancerosas, también causan daños en las células sanas. Los procedimientos quirúrgicos también pueden provocar efectos tardíos. El riesgo de que un niño desarrolle efectos tardíos depende del tipo y la ubicación del cáncer, el área del cuerpo tratada, el tipo y la dosis del tratamiento, la edad del niño cuando fue tratado, los antecedentes genéticos y familiares, y si tenía otros problemas de salud antes del diagnóstico de cáncer.
Si usted está preocupado por cualquiera de los efectos tardíos mencionados en este artículo, hable con un médico, una enfermera, un trabajador social u otro integrante del equipo de atención médica para entender cuáles son los riesgos y las maneras de manejarlos. Continúa habiendo avances en la prevención, el manejo y el tratamiento de los efectos tardíos del cáncer infantil, y en todo momento hay más información disponible para ayudar a los niños y a sus familias a manejar los efectos tardíos del cáncer y su tratamiento.
Tipos de efectos tardíos
Los efectos tardíos pueden ser físicos o emocionales. A continuación, se incluye una lista de efectos tardíos específicos del cáncer infantil [2] (en inglés). Hable con su médico antes de comenzar el tratamiento para saber qué efectos tardíos puede experimentar su hijo y qué se puede hacer para reducir los riesgos. Muchas de las recomendaciones mencionadas aquí se basan en las pautas [3] del Children's Oncology Group (Grupo de oncología infantil).
Problemas emocionales. Independientemente de la edad que tenga un niño durante el tratamiento, pueden ocurrir efectos emocionales posiblemente prolongados, como ansiedad, depresión y temor a la recurrencia. Obtenga más información sobre cómo sobrellevar la angustia relacionada con el cáncer [4].
Cáncer secundario. Los sobrevivientes del cáncer infantil tienen un riesgo ligeramente más elevado de desarrollar un segundo cáncer, el cual es un tipo de cáncer diferente que aparece después del diagnóstico de cáncer original. A veces se lo denomina cáncer secundario. Las causas pueden incluir radioterapia y quimioterapia. Algunos fármacos pueden causar leucemia, en particular los que se conocen como agentes alquilantes (tal como la ciclofosfamida [Cytoxan, Neosar] y la ifosfamida [Ifex]), las epipodofilotoxinas (fármacos como el etopósido [Toposar, VePesid]) y las antraciclinas (fármacos como la daunorrubicina [Cerubidine, Rubidomycin] y la doxorrubicina [Adriamycin]). Los niños y los adolescentes tratados por linfoma de Hodgkin tienen el riesgo más alto de desarrollar un cáncer secundario, particularmente cáncer de mama y de tiroides.
Problemas reproductivos y desarrollo sexual. Tanto los niños como las niñas tienen riesgo de sufrir alguno de estos problemas.
- En los niños, la radioterapia en el cerebro, la cabeza, los testículos o el abdomen puede causar infertilidad (imposibilidad para engendrar un hijo), al igual que la quimioterapia con ciclofosfamida e ifosfamida. Además, los tratamientos pueden cambiar los niveles de testosterona (una hormona masculina), lo que puede afectar la pubertad.
- En las niñas, especialmente aquellas que comenzaron a menstruar, la quimioterapia y la radioterapia en todo el abdomen, la pelvis, la parte baja de la columna o la cabeza pueden afectar los ovarios y causar infertilidad (imposibilidad para concebir o mantener un embarazo), menstruaciones irregulares y menopausia prematura. Obtenga más información sobre la fertilidad y el tratamiento para el cáncer [5] (en inglés).
El crecimiento, el desarrollo y el sistema endocrino (problemas hormonales). Los tratamientos para el cáncer pueden afectar el sistema endocrino, un grupo de glándulas productoras de hormonas que controlan las funciones del organismo, como el crecimiento, la energía y la pubertad.
- La radioterapia cerca del cerebro, los ojos o los oídos puede afectar la hipófisis, que ayuda a controlar el crecimiento. Los niños que no alcanzaron su estatura definitiva pueden tener un mayor riesgo de sufrir problemas de crecimiento. Un endocrinólogo (médico especializado en las glándulas endocrinas y las hormonas) puede realizar exámenes para detectar problemas e indicar tratamientos hormonales.
- La radioterapia en los huesos puede provocar un crecimiento reducido o irregular y afecciones como la escoliosis (la desviación lateral de la columna).
- Los glucocorticoides (fármacos como la prednisona y la dexametasona) y el metotrexato tienen efectos directos sobre la formación (mineralización) ósea, lo cual puede provocar una densidad mineral ósea baja, y, en los casos graves, osteoporosis (una enfermedad que causa huesos débiles y aumenta el riesgo de fracturas óseas). La fuerza (densidad) ósea normalmente se recupera a un nivel normal en la mayoría de los niños después de dejar de tomar estos medicamentos.
Los niños deberían realizar controles médicos regulares para supervisar su crecimiento y desarrollo durante la pubertad. Con frecuencia, los médicos miden la densidad mineral ósea con radiografías; estas pruebas ayudan al médico a averiguar si un niño necesita suplementos dietarios o alimentos especializados, y/o realizar actividad física para ayudarlo a mejorar la densidad ósea.
Problemas de memoria y de aprendizaje. La radioterapia en la cabeza puede causar problemas de aprendizaje. La quimioterapia administrada en la columna vertebral (quimioterapia intratecal) también puede causar problemas de aprendizaje. Los niños que tenían menos de cinco años durante el tratamiento pueden tener un mayor riesgo de presentar problemas de aprendizaje, y se los debe evaluar después del tratamiento si tienen dificultades en la escuela o el trabajo.
Problemas cardíacos. Los fármacos denominados antraciclinas, incluidas la doxorrubicina, la daunorrubicina y la idarrubicina (Idamycin), pueden causar problemas cardíacos como, por ejemplo, latidos cardíacos anormales, enfermedad del músculo cardíaco e insuficiencia cardíaca congestiva. Además, la radioterapia en el pecho, la columna vertebral o el abdomen superior, y el trasplante de médula ósea y de células madre pueden incrementar el riesgo de efectos cardíacos tardíos. Las mujeres y los niños más jóvenes tienen un mayor riesgo de efectos tardíos relacionados con el corazón. Los sobrevivientes del cáncer infantil deben consultar a su médico una vez al año para someterse a atención de seguimiento, dado que, generalmente, las enfermedades cardíacas no presentan síntomas. Aproximadamente dos años después de finalizado el tratamiento, se debe realizar un electrocardiograma (ECG o EKG) y un ecocardiograma [6] (en inglés) o una ventriculografía radioisotópica (multigated acquisition, MUGA; en inglés) [7], que son exámenes no invasivos que controlan el funcionamiento del corazón. El Grupo de oncología infantil (Children's Oncology Group, COG) ofrece pautas clínicas [3] sobre la frecuencia con la que un paciente debe seguir realizándose estos exámenes.
Problemas pulmonares y respiratorios. Determinados tipos de quimioterapia, incluidas la bleomicina (Blenoxane), la carmustina (Becenum, BiCNU, Carmubris) y la lomustina (CeeNU), pueden causar daño pulmonar. La radiación en el pecho y las cirugías en el pecho o los pulmones también pueden causar problemas pulmonares. Los niños que eran más jóvenes al momento del tratamiento tienen un mayor riesgo de sufrir problemas pulmonares y respiratorios. Los sobrevivientes del cáncer infantil deben realizarse una radiografía de tórax y pruebas de la función pulmonar al menos dos años después de finalizado el tratamiento. Hable con su médico sobre la frecuencia con la que se deben repetir estos exámenes.
Problemas en los dientes y la mandíbula. La radioterapia en la boca, la cabeza o el cuello puede causar problemas como xerostomía (sequedad en la boca) y caries. La quimioterapia, en especial cuando se la administra a un niño cuyos dientes permanentes no se formaron, o que es menor de cinco años, puede provocar problemas de desarrollo dental. Los sobrevivientes del cáncer infantil deben consultar al dentista cada seis meses para realizarse controles e informarle sobre el tratamiento que recibieron para el cáncer. Hable con el dentista de su hijo antes y después del tratamiento para recibir orientación sobre cómo reducir estos posibles efectos tardíos.
Sistema digestivo. Las cirugías abdominales o pélvicas, y la radioterapia en el cuello, el pecho, el abdomen o la pelvis pueden afectar el sistema gastrointestinal, que colabora en la digestión y absorción de los alimentos. Los sobrevivientes del cáncer infantil deben hablar con su médico si tienen dolor abdominal o estreñimiento crónico (a largo plazo), diarrea, acidez estomacal o náuseas y vómitos.
Problemas de audición. La radioterapia en la cabeza o el cuello puede causar la pérdida de la audición. Algunos tipos de quimioterapia, como el cisplatino (Platinol) o el carboplatino (Paraplat, Paraplatin) también pueden afectar la audición. Los niños más pequeños tienen un mayor riesgo de presentar estos problemas. Un audiólogo, un profesional médico que identifica, trata y controla los problemas auditivos, debe evaluar la audición de un niño todos los años.
Problemas en la vista y en los ojos. Las dosis altas de radiación en los ojos, las órbitas o el cerebro pueden causar problemas en los ojos, por ejemplo, cataratas (la opacidad del cristalino). El tratamiento con yodo radiactivo para el cáncer de tiroides puede incrementar el lagrimeo, y los trasplantes de médula ósea y de células madre aumentan el riesgo de sequedad en los ojos. Un oftalmólogo (un médico especializado en enfermedades oculares) debe evaluar a los sobrevivientes del cáncer infantil.
Más información:
Supervivencia del cáncer infantil [8]
Cómo controlar los efectos tardíos del cáncer infantil [1]
Cómo controlar los efectos secundarios [9]
Recursos adicionales
Candlelighters Childhood Cancer Foundation (Fundación Candlelighters para el Cáncer Infantil): Efectos tardíos [10] (en inglés)
Last Updated: January 12, 2012